La aparición de la agricultura y el pastoreo se asocia con el periodo Neolítico, el cual no apareció en todo el mundo al mismo tiempo sino que se trata como un momento que comprende entre el 9.000 y el 3.500 a.C..

Los indicios apuntan a que fue en torno al 8.500 a.C. en Oriente Próximo (la zona que actualmente ocupan Egipto, la Península Arábiga, Irán, Irán, Líbano, Israel y Turquía, entre otros) donde las primeras sociedades pasaron de ser cazadoras-recolectoras a productoras, dando lugar a así a los primeros asentamientos sedentarios y a la aparición de la agricultura; casi de la mano de la domesticación de animales, origen de la ganadería. En paralelo, en otras zonas del planeta ocurrió algo parecido en los siguientes 6.000 años y así se han encontrado indicios de prácticas similares en algunas zonas de África y América.

Sucede que ese periodo coincide geológicamente con el final de la última glaciación, momento en el que las temperaturas del planeta se hicieron más cálidas y subieron hasta superar entre 0,5 y 3 grados las que tenemos actualmente. El nivel del mar subió 25 metros durante ese periodo y numerosas áreas quedaron sumergidas, como por ejemplo el estrecho de Bering o el canal de La Mancha que hasta ese momento se podían cruzar a pie y mantenían unidas por tierra Siberia y Alaska y las Islas Británicas con Europa, respectivamente.

Todos esos cambios desplazaron a numerosas especies animales hacia latitudes más al norte y los habitantes del planeta se vieron obligados a desarrollar sus propios recursos para conseguir alimentarse. Así, empezaron a cultivar los ocho cultivos fundadores del Neolítico: farro, trigo, escanda, cebada, guisantes, lentejas, yero, garbanzos y lino. No obstante, algunos datos apuntan a que ya se habían estado recolectando semillas y aprendiendo sobre ellas desde el 20.000 a.C.